[El VHS] Viajemos 30 años con Mi Vecino Totoro

El pasado 16 de abril se cumplieron 30 años del estreno de Mi Vecino Totoro, una de las películas más reconocidas y populares de Studio Ghibli, incluso por gente ajena al anime o la cultura japonesa. De repente mi inicio de facebook twitter se llenaron de publicaciones que comentaban los 30 años, y a pesar de que tenía súper claro de qué película hablaban y conocía perfectamente a sus personajes, nunca la había visto, y ya era hora de hacerlo.

Mi Vecino Totoro cuenta la historia de las hermanas Satsuki y Mei que, junto a su padre, se mudan a su nuevo hogar cerca de un bosque, mientras su madre se encuentra hospitalizada debido a un resfriado un poco prolongado, y en torno al cual gira un poco la película. En primer lugar, las hermanas visitan a su madre para contarle sobre la nueva casa, y luego, tras una llamada del hospital, deben contactar a su padre para saber sobre el estado de salud de ella. Estos dos acontecimientos sirven como una especie de columna que estructura la película y guía la narración y aventuras de las hermanas para alcanzar estos dos objetivos.

Así de simple. En Mi Vecino Totoro no hay enemigos, monstruos, peleas ni conflictos. Es simplemente la historia de dos niñas que viven con su padre y se preocupan de su madre; dos niñas que, fascinadas por su nuevo hogar y la idea de que está embrujado -no en el sentido tradicional- dejan correr su imaginación para dar vida a Totoro, esa especie de conejo gigante que todos conocemos, y que a lo largo de la película se muestra como una criatura simpática, juguetona, curiosa y bondadosa, tal como ellas, y obvio, si finalmente, y como yo lo entiendo, es producto de su imaginación, una imaginación en la que no existe la maldad. Esto último es, justamente, lo que me hizo sentir esta película como una experiencia súper única.

Siento que, por lo general, encontrar una historia en la que no haya una fuerza antagonista clara y súper marcada es difícil, y sobre todo en películas más familiares o para un público infantil, ya que esa oposición entre el bien y el mal es una fórmula re contra usada y que es utilizada casi como una forma de enseñar qué es lo correcto e incorrecto, incluso en otras películas del mismo estudio. En Totoro eso no ocurre. La única antagonista es la enfermedad de la madre, pero es abordada de forma natural y no como una tragedia, tal como lo entendería un niño, y el resto de sucesos que ocurren son simplemente aventuras y juegos junto a Totoro, y aunque parezca poco, es suficiente, porque sin la necesidad de ese gran conflicto que, normalmente, a uno lo haría acercarse a los protagonistas, es capaz de presentar un mundo bacán, una historia bonita y personajes queribles.

Más vale tarde que nunca, dicen, y pucha que es cierto. Por un lado, ver Mi Vecino Totoro me hizo entender y dejó súper claro porqué Totoro es, como personaje y película, la imagen de Studio Ghibli, ya que refleja completamente todo lo que el estudio es y busca transmitir. Y por otro, fue mucho más que simplemente haber cumplido con mi deber de ver un clásico, sino que fue un viaje al pasado y a un mundo mucho mejor que el nuestro, uno en el que daría gusto vivir.



Me gusta la filosofía, los juegos, series y el vinito. Hincha de la U y de Asuka. En twitter soy @Piplash.