Siguiendo los sueños ¡Sing Street!

Hay películas y películas; ni siquiera soy alguien que sepa sobre el tema, pero me gustan, las disfruto y muchas veces me ayudan no solo a distraerme, sino que también a reflexionar. Sing Street es una de esas, y la he visto tantas veces que necesito dedicarle unas palabras.

En Sing Street vemos a Conor Lawlor, un chico de 15 años que debe cambiarse de escuela por problemas económicos, y que con ganas de llamar la atención de una chica mayor decide formar una banda, yendo de un estilo a otro, y pasando por un proeso de descubrimiento tanto musical como personal que todos quienes en algún momento tuvimos un romance con la composición vivimos, y sobre todo si hablamos de nuestra época escolar.

Bajo mi punto de vista, la temática principal de la película es sobre alcanzar y luchar por tus sueños, el proceso que implica tanto para uno como para los que nos rodean, y la forma en que otros también pueden alcanzar los suyos a través de uno. Ahora bien, no es que sea una película ultra profunda, también tiene su toque romántico y, obviamente, mucho enfoque en la música (con un OST la raja), pero aún así es una película que no solo nos ofrece un grato agradable y de entretención, sino que nos invita a viajar un poco, a volver a ser pendejos y recordar cuando éramos más felices, cuando teníamos -tal vez- una mayor capacidad para ver la felicidad en la tristeza y apreciar todos esos momentos happy/sad

Sing Street es una de esas películas que es capaz de dejarme el corazón lleno, pero a la vez llevarme a un estado un poco melancólico en el cual me veo obligado a pensar sobre las decisiones que he tomado o no -aunque no tomar una decisión es finalmente, una decisión-, y a pensar harto en el “qué hubiese pasado si”, lo cual puede ser un ejercicio súper sano si sabemos sacar un aprendizaje de aquello, pero también más o menos dañino si al final vamos a terminar tirándonos para abajo por todo lo que no hicimos por X motivo.

Personalmente, la historia me llega más de lo que quisiera caleta, y es que si bien desde chico estuve metido en la música, no fue hasta mis 14-15 años que tomé una guitarra y empecé a componer. Durante todo ese proceso que implica querer ser músico conocí amigos, tuve desamores y un montón de experiencias que uno ve reflejadas en la película de manera súper realista.

Esa sensación de tener una letra y escuchar el acorde perfecto para ella, ir armando de a poco y hacer calzar pequeñas piezas hasta que nace una canción, son cosas -para mi- súper bonitas y que puedo ver en la película y sus actores, haciéndome cuestionar algunas de mis decisiones, pero también motivándome a seguir haciendo algo que siempre me ha gustado, más allá de que lo haga bien o mal, de que sea como forma de vida o hobby, porque al final del día lo que importa es hacer cosas que nos hagan sentir bien, que nos hagan crecer y nos mantengan a flote. Sing Street es una carta de amor a la música y a los sueños, y todos deberían darse el tiempo de verla -¡más encima está en Netflix!



Me gusta la filosofía, los juegos, series y el vinito. Hincha de la U y de Asuka. En twitter soy @Piplash.