right in the loneliness: My love don’t cross that river

Me siento con la necesidad de contarles lo maravilloso que puede llegar a ser algo tan simple como un documental sobre dos personas que se aman.

En un mundo culiao donde las relaciones amorosas son cada vez más efímeras y tóxicas, parece imprescindible tocar los temas amorosos desde otro punto de vista. Y en mi búsqueda por la estabilidad emocional y las ganas de llorar, conocí lo que se ha convertido una de mis películas favoritas. Aviso que hay spoilers.

My love don’t cross that river es un documental sur-coreano dirigido por Jin Mo-young y estrenado el 2013 que no ha hecho más que cautivar a quien lo ve, ahora bien, aviso de inmediato que comienza algo lento, pero encanta de inmediato, comenzando por el coqueteo y los juegos constantes de sus personajes que llevan casados más de 70 años.

Este documental es todo un viaje por la vida de estos dos ancianitos, que viven en las afueras de la ciudad y recuerdan a lo largo de la película sus primeros años como pareja, sus primeros hijos, un par de ellos perdidos por la guerra, y lo que sería de ellos si las cosas hubiesen sido distintas, sin dudar en ningún momento que definitivamente seguirían juntos.

goals ;_;

Con ambos riendo, el marido cantando,  la abuelita cocinando y dándole de comer al amor de su vida,  pareciera que sólo es una obra wholesome y feliz, pero como en toda historia el conflicto es inevitable. A pesar que aquí no es entre los dos personajes, si no que entre los hijos. La lucha por mantener a su familia unida es el primer obstáculo, pues los hijos discuten incluso cuando sus padres se esfuerzan en pasar una tarde en familia.

Y así, cosas tan simples mueven este documental hasta llegar a lo más difícil de todo, que es dejar ir a uno de ellos. Porque obvio, en una película donde hay una persona mayor, al parecer lo que se busca es que alguien muera (los odio mucho por eso).

Pero es justamente eso lo que nos lleva a lo más emocional de la película y donde el amor es más visible y fuerte que nunca, donde incluso los hijos de esta pareja se unen y dejan las peleas de lado por algo más grande.

Sé que hacerme llorar no es difícil, pero My love don’t cross that river es otra cosa, porque es todo un llamado a la búsqueda de la paz familiar, del amor real, de la compañía y complicidad que todos merecemos para sentirnos plenos. O tal vez exagero, pero digo todo esto porque de verdad lo sentí especial y alguien ahí en las afueras del internet puede necesitar una pequeña dosis de sufrimiento y felicidad, este documental puede ser lo que necesita para soltar unas cuantas lagrimitas.



Me gustan los monos chinos, y los chinos.